lunes, 19 de marzo de 2018

Las lenguas de España, por Miguel Barrero

Los romanos trajeron el latín a la península Ibérica y el idioma fue aclimatándose al entorno. Su código asimiló vocablos preexistentes y de esa combinación entre la nueva norma culta y las palabras viejas nacieron dialectos que convivieron durante varios siglos. La filología considera que esos dialectos —gallego-portugués, asturleonés, castellano, navarro-aragonés, catalán, las distintas variantes mozárabes— adquirieron la categoría de lenguas cuando desapareció aquella que los había engendrado. Su evolución fue desigual y dependió mucho del peso político que iban adquiriendo sus respectivos ámbitos geográficos. Cuando Alfonso X sustituyó el latín por el castellano, este idioma asumió la hegemonía comunicativa en lo que tiempo después sería el Reino de España. LEER

jueves, 15 de marzo de 2018

Gabrielillo en el cuarto de juegos, por Santiago Alba Rico

Había una vez un niño que se llamaba Gabriel o Gabrielillo, el Pescaíto para sus papás, el Pelusín para algunos de sus amigos. Era un niño normal; es decir, excepcional. Era gracioso, bueno, guapo, ingenuo y, como todos, un poco consentido. Estaba siempre maravillado. Le gustaban los peces del mar. Le gustaban los camaleones de las ramblas. Le gustaba el mundo y lo demostraba riéndose a carcajadas ante cualquier figura redonda o peluda o de colores. Estaba siempre como diciendo con la mirada y con los dientes: qué suerte haber llegado a un lugar como este, con cielo y tierra y lenguados y pasteles. A través de sus ojos, un lugar como este –que llamamos mundo– a los adultos nos parecía seguro, hermoso, apetecible, habitable. No es verdad que los niños transporten un mundo nuevo; transportan un mundo más antiguo, antes del Diluvio y de Caín, antes de los trabajos y los días, antes de la lucha de clases, antes incluso del amor con todas sus perrerías. Los niños transportan un mundo enteramente a su medida en el que las piedras parecen piedras y las palmeras parecen palmeras y en el que, si en el camino aparece un palo o en la montaña una cueva, es porque eso es justamente lo que en ese momento sueñan o necesitan. “Gabrielillo, ¿qué has pescado este año?”. “Un rehfriaó”, nos decía riéndose con ese acento almeriense que daba aún más cuerpo a su infancia sin heridas. LEER

miércoles, 14 de marzo de 2018

Recetas contra el fanatismo, por Amos Oz

Sin embargo, hay que recordar que casi nunca es posible acabar con una idea, ni siquiera con una idea retorcida, tan solo a palos. Es necesaria una respuesta, una idea alternativa, son necesarias unas creencias más atractivas, unas promesas más convincentes. No me opongo de ninguna manera al uso del palo contra los asesinos. No soy pacifista, no creo en lo de ofrecer la otra mejilla, ni tampoco comparto esa idea tan extendida de que la violencia es el mal absoluto. Desde mi punto de vista, el mal más extremo no es la violencia en sí misma, sino la agresividad. La agresividad es “la madre de toda la violencia”. La violencia es la materialización de la agresividad. Efectivamente, muchas veces hay que contener la agresividad a palos. Lo que pasa es que esos palos deberían ir acompañados de una idea atractiva y convincente. Sin una idea así, los fanáticos, sean del tipo que sean, ocuparán el espacio vacío. LEER

sábado, 10 de marzo de 2018

Noam Chomsky en Babelia (10.03.18)

Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones. LEER

lunes, 26 de febrero de 2018

La repugnante brutalidad del EEUU de Trump, por Paul Khrugman

Lo que está teniendo lugar ahora mismo en Estados Unidos no es solo una guerra cultural. Para buena parte de la derecha actual, se trata de una guerra contra el concepto mismo de comunidad, de sociedad que emplea la institución que denominamos Estado para ofrecer ciertas protecciones básicas a todos sus miembros.../... Ninguna otra nación avanzada experimenta masacres con la misma frecuencia que nosotros. ¿Por qué? Porque averiguan los antecedentes de quienes aspiran a poseer un arma, limitan la posesión de armas en general y prohíben las armas de asalto que permiten a un asesino (siempre es un hombre) matar a docenas de personas antes de que alguien pueda abatirlo. Y sí, estas normativas funcionan. LEER

lunes, 19 de febrero de 2018

La soledad, por Julio LLamazares

Hay una idea perversa que identifica modernidad con desinterés familiar, alentada por un capitalismo feroz más que por un verdadero cambio moral de la sociedad. Las condiciones a las que el trabajo obliga, más que la conversión de la virtud de la compasión en rémora, ha hecho que desde hace ya tiempo en los países desarrollados los ancianos hayan sido apartados del centro de la vida y desprovistos de la atención de sus familiares. Abandonados en casas en las que se mueren solos (y no es una exageración: la última, una anciana esta semana en León, hallada dos meses después de morir) o en residencias que son auténticos guardamuebles de viejos, esperan a Godot mirando la televisión y aguardando las horas de las comidas, lo único que les pauta el día y les distrae de su aburrimiento. La visita de sus hijos los domingos, si es que se da, lejos de consolarlos de su soledad la acrecienta. LEER

viernes, 2 de febrero de 2018

La igualdad y la desigualdad, por Juan José Millás

No sé cómo tratan a un ministro cuando llega a las urgencias de un hospital público, pero dudo que lo aparquen en un pasillo. Dudo incluso que se les muera en un rincón y que los médicos piensen que se ha ido porque lo han llamado por la megafonía sin obtener respuesta. Hace poco falleció de ese modo un desigual. En realidad, se había ido, pero al otro barrio. La cuestión es que lo trataron de forma desigual porque saltaba a la vista que pertenecía a esta categoría. Se podría decir que cumplieron los protocolos, así que no hay caso. Como no estamos por la labor de atenuar las fronteras entre la igualdad y la desigualdad, sino todo lo contrario, de aquí a poco nos darán carnés de una cosa u otra, de modo que, cuando usted solicite un servicio del Estado, sepan enseguida si darle una patada u ofrecerle un café. LEER

martes, 16 de enero de 2018

Economía (no) social de mercado, por Antón Costas

Vayamos ahora a la segunda cuestión. ¿Está ahora la economía contribuyendo al bien común? Sin duda, ¡no! Sólo hace falta ver los datos recientes: el crecimiento ha vuelto a todas las economías. Pero la precarización laboral, la depauperización salarial y el aumento de la desigualdad y la pobreza, en particular en España, no permiten hablar de progreso social. El resultado es que la economía de mercado ha perdido su adjetivo social. LEER

Entrevista a Christian Felber (El País 14/01/18)

Christian Felber: "El sistema económico actual es perverso: beneficia los comportamientos no éticos" La economía actual busca el crecimiento del PIB de una nación o maximizar el beneficio financiero de las empresas, lo que deja de lado si esa empresa crea empleo y de calidad, si hay igualdad de trato entre hombres y mujeres en las compañía, si cuida o destruye el medio ambiente, si produce armas o productos sostenibles... LEER

jueves, 11 de enero de 2018

Entrevista a William Kentridge (El País, 31/12/2017)

Duchamp cuestionó lo que podía ser el arte exponiendo un urinario en la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York. Pero a usted no le interesa. Porque optó por convertirse en un artista enigmático jugando al ajedrez durante 20 años. Para mí eso irradia una actitud muy europea de cansancio y falta de interés por el mundo, incluso de cinismo, que también forma parte del legado europeo. Tengo una relación de amor-odio con Duchamp y otros artistas, como Bruce Nauman, porque trabajaban con la seguridad de estar en el centro del mundo. América en los ochenta, París en los veinte. Eso ha cambiado. Ahora es posible trabajar en la periferia y mostrar tu trabajo en el Reina Sofía, algo impensable hace 20 años. LEER